Ep. 06 | Creer

[00:00:00] La investigación había terminado. Eso fue lo que me dijeron. Después de casi tres años, la policía decía saber qué había ocurrido dentro de nuestra casa la madrugada en que mataron a mi mamá Yo estaba sentado frente a ellos. Tenía veinte años y escuché. Me hablaron de llamadas, de [00:00:30]Argentina, de un hombre que había entrado a nuestra casa.

Y después me dijeron algo más, algo que no tenía que ver con una prueba, ni con una llamada, ni con una huella. Me dijeron que en un caso como este, el dinero mandaba. Que si quería evitar que la investigación terminara enterrada, si quería impedir que la [00:01:00] corrupción pudiera perjudicarla, tenía que hacer el caso público.

Tenía que hacerlo mediático. Recuerdo haber entendido lo que eso significaba

La policía había investigado durante años. La fiscalía tenía el expediente. Había jueces, abogados, instituciones enteras creadas para hacer [00:01:30] exactamente ese trabajo. Pero de alguna manera, proteger la investigación también dependía de mí, de cuánto estuviera dispuesto a exponerme, de cuántas cámaras aceptara, de cuántas veces estuviera dispuesto a sentarme frente a un periodista y hablar del peor día de mi vida Yo tenía 20 [00:02:00] años y dije que sí.

No porque quisiera aparecer en televisión, no porque quisiera destruir a mi hermana. Lo hice porque quería proteger a mi mamá

Esto es "¿Quién mató a mi madre? El caso Fefer". Episodio seis: Creer.

 

[00:02:30] Cuando era niño, mi hermana era simplemente mi hermana. Sin abogados, sin titulares. No había una palabra como parricidio escrita al lado de su nombre. Estábamos ella y yo. Y estaba mi mamá. Después, mataron a mi mamá y las cosas que yo creía imposibles empezaron a ocurrir [00:03:00] una detrás de otra.

Personas en las que confiaba me dieron la espalda. Relaciones que yo creía inquebrantables dejaron de serlo. Mi familia dejó de parecerse a la familia que yo conocía.

La vida me había enseñado demasiado pronto que querer a alguien no significaba necesariamente conocerlo por completo [00:03:30] y que confiar en alguien no garantizaba que esa persona no pudiera lastimarte. Mi idea de lo imposible se fue haciendo cada vez más pequeña, hasta que tuve que aceptar una posibilidad que me aterraba: que mi hermana pudiera estar involucrada en la muerte de nuestra mamá [00:04:00] No significaba que yo supiera que lo había hecho.

No lo sabía. Significaba que ya no podía decirme a mí mismo que era imposible. Y ahora La policía decía haber terminado su investigación

Acto dos: diez millones de dólares. Eso fue lo que mi hermana le reclamó a Telefónica en el [00:04:30]2014. ¿La razón? Una llamada de teléfono. Una llamada hecha la madrugada en que mataron a mi mamá Eva decía que Telefónica había interpretado mal los registros de su celular y que esa información había terminado siendo utilizada

En su contra. Y claro, ese documento lo [00:05:00] presenta mi hermana mientras está siendo procesada por el asesinato de nuestra mamá. Es su versión Pero después Telefónica volvió a revisar sus propios registros. El teléfono de Eva. Y ahí aparece una hora que para mí es importantísima: la una y treinta y seis de la madrugada.

Mi mamá estaba abajo. [00:05:30] Eva y yo dormíamos arriba. Al menos eso fue lo que los dos dijimos a la policía. Y en algún momento de esa madrugada, Alejandro Trujillo Ospina había entrado a nuestra casa Durante la investigación se planteó una teoría alrededor de esa llamada, que podía ser el asesino usando el teléfono [00:06:00] de mi mamá para comunicarse con Eva.

Como diciendo: ya está, ya hice el trabajo

Pero hay algo que a mí no me termina de cuadrar.

Qué delincuente deja una prueba como esa?

Pero hay otra explicación mucho más sencilla: Que haya sido mi mamá la que llamó. Imagínense la situación.

Mi mamá escucha algo o ve a alguien. Se da cuenta de que hay un [00:07:00] extraño dentro de la casa y sus dos hijos están durmiendo arriba. ¿Qué hace? Agarra el teléfono, llama. Quizás para despertar a Eva, quizás para decirle que no baje. Quizás simplemente para decir: hay alguien en la casa Después se discutió durante años si esa llamada había sido contestada, [00:07:30] si había caído al buzón de voz, si Eva había entrado después a escuchar un mensaje.

Telefónica incluso tuvo que explicar qué significaban sus propios códigos, porque una llamada que entra, una llamada que cae el buzón y alguien entrando a escuchar ese buzón son tres cosas distintas Y ahí está el problema. [00:08:00] Podemos discutir códigos, podemos discutir horarios, podemos discutir si alguien contestó o no, pero hay algo que Telefónica nunca nos va a poder decir.

¿Por qué llamó mi mamá? ¿O por qué hay una llamada desde el teléfono de mi mamá? Durante años, esa llamada fue vista como una posible comunicación entre un asesino y la persona que supuestamente lo había contratado. [00:08:30] Yo hoy veo otra posibilidad. Veo a mi mamá viva, abajo, con sus dos hijos durmiendo arriba y tratando de avisar que algo estaba pasando.

Quizás esa llamada no significaba que el asesino había terminado. Quizás significaba que mi mamá sabía que estaba a punto de empezar.

 

 

Después apareció Argentina. Mi hermana había viajado allí con Liliana Castro Manarelli. Eva explicó ante Fiscalía que habían ido de vacaciones. Buenos Aires, compras, restaurantes, una visita a la universidad donde estudiaban sus hermanos. También dijo que habían tenido problemas con [00:09:30]sus tarjetas y que habían pedido dinero prestado Pero los investigadores estaban mirando otra cosa.

Porque en Argentina había aparecido un hombre que todavía no formaba parte de nuestra historia. Alejandro Trujillo Ospina. Estaba preso en Salta usando otro nombre. Y mientras en Perú todavía no sabían quién había matado a mi mamá, [00:10:00] un policía de Salta empezó a recibir llamadas de una mujer Decía llamar desde Colombia.

Decía llamarse Gloria María Vanegas y decía ser la suegra de Trujillo El policía: Reinaldo Choque. Al principio, la historia le pareció difícil de creer Esta mujer le estaba hablando de un [00:10:30] asesinato ocurrido en Lima, el de mi mamá. Pero Gloria sabía cosas. Le dio el verdadero nombre de Trujillo, le habló de personas relacionadas con él, de dinero, y le dijo que compararan su ADN con las muestras del crimen Choque buscó el caso de mi mamá en Internet y existía.

Entonces empezaron a escucharla [00:11:00] Finalmente le tomaron una muestra de ADN a Trujillo

La enviaron a Perú y coincidió con evidencia encontrada en la escena del crimen. La mujer que había llamado desde Colombia había llevado a la policía hasta el hombre que mató a mi mamá Pero había algo extraño: nadie había visto a Gloria. Choque nunca pudo comprobar que realmente [00:11:30] fuera la suegra de Trujillo.

Y la defensa después sostuvo que su verdadera suegra era otra persona Yo pensé que Gloria se iba a quedar ahí, en Argentina, en unas llamadas, en unas hojas dentro de un expediente. Pero no. Tiempo después me escribió por Facebook. Me dijo que tenía información importante sobre el caso y me pidió que creara [00:12:00] otro correo para poder hablar conmigo.

Lo hice y se lo comuniqué inmediatamente a la policía. Después encontré los correos que ella había enviado a Choque y leyéndolos entendí por qué la policía le había prestado atención

Hablaba de Trujillo, de dinero, de personas en Perú y Colombia. Pedía que protegieran su identidad y [00:12:30] hablaba del ADN

Pero había algo más. Gloria decía que detrás del asesinato de mi mamá había habido un encargo y que ese encargo tenía que ver con dinero y una herencia

Ahí la investigación dejaba de mirar hacia Argentina y volvía a nuestra casa. [00:13:00] Porque si alguien había pagado para matar a mi mamá La siguiente pregunta era inevitable: ¿quién tenía un motivo para hacerlo?

Había otra parte de la investigación que me resultaba mucho más difícil leer: la relación entre mi mamá y mi hermana. Porque ahí ya no había números telefónicos, [00:13:30] había recuerdos. Y yo había estado ahí Eva dijo ante la Fiscalía que antes del asesinato su relación con mi mamá era buena Yo la recuerdo bastante más complicada.

Y los correos de esos últimos meses muestran una relación que estaba pasando por un momento muy duro

Eva estaba en Israel. [00:14:00] No quería volver al Perú. Mi mamá quería que regresara y las dos estaban lastimadas. En mayo del 2006, mi hermana le mandó un correo de once páginas Once. En un momento, Eva pone en palabras lo que sentía que mi mamá pensaba de ella Tú me has abandonado. Eres mala hija. Eres egoísta.

Te has [00:14:30] ido sin pensar en tu familia. Piensas siempre solo en ti. Te has vuelto materialista No estoy diciendo que esas fueran palabras textuales de mi mamá. Es Eva describiendo cómo sentía que su mamá la veía. Y después escribe: Yo no puedo vivir sabiendo que tú crees que soy egoísta por una decisión que tomé[00:15:00]

Y hay otra frase, una que hoy me cuesta muchísimo leer: "Tal vez un día me ves y sientas que ya no tienes hija Eso fue en mayo. El mismo mes que conoció a Liliana Castro Manarelli. Mi mamá murió en agosto. Pero hay algo que estos correos también dejan claro. Eva le escribe que la ama, [00:15:30] que su mamá es importante para ella.

Incluso le dice que si realmente quiere que vuelva, vuelve. Por eso yo no puedo decir que estos correos prueben odio. No lo prueban. Lo que prueban es conflicto. Un conflicto profundo entre una madre que sentía que estaba perdiendo a su hija y una hija que sentía que tenía derecho a irse Y yo estaba viendo [00:16:00] lo que eso le hacía a mi mamá.

Tanto que terminé escribiéndole yo también a Eva. Y había otra discusión entre ellas. Una que para la fiscalía terminaría siendo mucho más importante que Israel: la herencia

Habían pasado tres años y dos días desde que mataron a mi mamá. La quinta [00:16:30] Fiscalía Provincial Penal de Lima formalizó una denuncia penal. Catorce páginas. En la primera aparecía el nombre de la víctima: Silvia Myriam Fefer Sayeres, mi mamá. Después aparecían tres nombres: Alejandro Trujillo Ospina, Liliana Castro Manarelli y Eva Lorena Bracamonte Fefer A Trujillo Ospina la Fiscalía le atribuía homicidio [00:17:00] calificado por lucro.

A Liliana, homicidio calificado por lucro Y al lado del nombre de mi hermana había una palabra Parricidio. Parricidio: matar a tu madre Yo sabía lo que significaba. Pero una cosa es conocer una palabra y otra [00:17:30] verla escrita junto al nombre de tu hermana La fiscalía sostenía que Eva había inducido y participado dolosamente en la ejecución de la muerte de nuestra mamá Eso era una acusación, no una condena, no una verdad judicial definitiva.

Una acusación. Pero para mí, en [00:18:00] agosto del 2009, había algo muy difícil de separar

La policía me decía que había terminado su investigación. La fiscalía ha llegado a una conclusión compatible con ella. Dos instituciones distintas me estaban diciendo que debía mirar hacia el mismo lugar

Hacia mi hermana

¿Qué hacía yo con [00:18:30] eso? ¿Decía que todos estaban equivocados porque la persona investigada compartía mi sangre? O aceptaba que la evidencia tenía que ser investigada aunque me destruyera

Yo elegí confiar en la investigación. Hoy puedo decirlo así de simple. En ese momento no se sentía simple en absoluto[00:19:00]

Y entonces hice lo que la policía me había recomendado. Hablé. Televisión, radio, periódicos. Cada vez que alguien quería preguntarme por mi mamá, yo respondía. Mis apariciones en televisión no eran una carrera, no eran una estrategia para volverme conocido. Yo no quería ser famoso. Pensaba que si todos estaban mirando, [00:19:30] sería más difícil esconder algo.

Tal vez era ingenuo. Lo era. Tenía veinte años. Pero imaginaba la corrupción como algo que necesitaba oscuridad y pensaba que las cámaras podían encender la luz

Cinco, cuatro, tres. Así que me sentaba, me ponía en un micrófono, se encendía una [00:20:00] luz roja y yo hablaba de mi mamá una y otra vez, del peor día de mi vida, de mi hermana, de la policía, de las llamadas, de todo. No sé si aquello era valentía, era miedo, era desesperación, era amor. Probablemente era todo al mismo tiempo

El 9 de septiembre del 2009, [00:20:30] las cámaras ya no estaban solamente frente a mí Estaban esperando a mi hermana. Eva y Liliana se pusieron a la disposición de la justicia. Había una orden judicial, había periodistas, había vehículos esperando y al final de ese recorrido estaba el penal de mujeres de Chorrillos, Santa Mónica.

Yo había crecido con [00:21:00] Eva, habíamos dormido bajo el mismo techo y ahora mi hermana iba camino a una prisión acusada de participar en el asesinato de mi mamá

No recuerdo haber sentido alegría. No había nada que celebrar. Mi mamá seguía muerta. Si la policía y la fiscalía tenían razón, mi familia acababa de [00:21:30] volverse todavía más incomprensible. Y si estaban equivocadas, mi hermana estaba entrando a prisión por algo que no había hecho

No había una versión de esa historia en la que nosotros ganáramos Ese día yo también estaba frente a una cámara, pero no estaba siguiendo el vehículo que llevaba a mi hermana Santa Mónica. Estaba en un estudio de televisión. [00:22:00] Después fui a la universidad. Una parte de mí intentaba estudiar, entregar trabajos, tener amigos, pensar en el futuro.

La otra seguía atrapada en agosto del 2006

Mientras mi hermana era trasladada al penal, los periodistas siguieron la caravana. Las imágenes estaban en televisión. Yo también las vi. Hay [00:22:30] imágenes que deberían producir una emoción clara: tristeza, alivio, rabia, miedo Aquella no Pensé en mi mamá, en cómo habría reaccionado si pudiera vernos. Uno hablando frente a las cámaras, la otra entrando a una prisión

Sus dos [00:23:00] hijos, tres años después de su muerte

Al día siguiente escuché mi nombre otra vez. Esta vez no era un fiscal, era Magaly Medina, una de las figuras más conocidas de la televisión peruana. Había hablado de [00:23:30] mí en Radio Capital y utilizó una palabra: enfermizo. Magaly decía que yo había seguido la caravana que llevó a Eva y Liliana al penal Yo decía que eso era falso, que podía demostrar dónde había estado y anuncié que pensaba demandarla.

Magaly respondió públicamente. Dijo que había obtenido la [00:24:00] información del diario La Primera y volvió a hablar de mí. Esta vez dijo que mi conducta era enfermiza y patológica. Yo tenía veinte. Mi mamá había sido asesinada. Mi hermana acababa de entrar a prisión acusada de parricidio. Y ahora una de las periodistas más famosas del país estaba hablando públicamente de mi manera de vivir todo eso.[00:24:30]

Pero había un detalle que para mí hacía la situación todavía más difícil. El abogado. Julio Rodríguez era el abogado de mi hermana y para ese momento ya había salido públicamente a cuestionarme. Había dicho que yo era un sospechoso circunstancial en el caso del asesinato de mi propia mamá. Yo había discutido con él [00:25:00] en televisión, le había pedido que presentara pruebas y le había dicho que dejara de involucrarme en el crimen Ese mismo abogado también era identificado en la prensa de ese momento como el nuevo abogado de Magaly Medina No tengo evidencia de que Julio Rodríguez le haya dicho a Magaly qué decir sobre mí.

Pero imagínense cómo se veía desde donde yo estaba parado. El [00:25:30] abogado de mi hermana me señalaba públicamente, Magaly me llamaba enfermizo y patológico, y Rodríguez aparecía también como abogado de Magaly

Esa noche pensé en mi hermana, no en Eva Bracamonte Fefer, no en la acusada, no en el nombre que aparecía en los periódicos. En mi hermana [00:26:00] Intenté recordar cuándo había sido la última vez que nuestra vida había sido normal

No pude encontrar el momento exacto. Tal vez porque las familias no se rompen en un solo segundo. A veces uno escucha el ruido mucho después. Mi hermana estaba en Santa Mónica, yo estaba fuera y nuestra mamá estaba muerta. Eso [00:26:30] era lo único indiscutible

Si la investigación tenía razón, yo tenía que aceptar algo que ningún hermano debería tener que aceptar: que Eva podía haber participado en el asesinato de nuestra mamá. Si la investigación estaba equivocada, entonces tenía que aceptar algo diferente: que las instituciones en las que había decidido confiar [00:27:00] podían estar destruyendo la vida de mi hermana.

No sabía cuál de esas dos posibilidades era peor

Hoy puedo leer aquellos documentos de otra manera. Puedo separar una evidencia de una inferencia, una declaración de una conclusión, una acusación de una condena. Sé que una fiscalía puede equivocarse. Sé que una [00:27:30] investigación policial puede contener hipótesis que después no logran probarse. Sé también cómo terminó judicialmente el proceso contra mi hermana Pero en septiembre del 2009 yo todavía no sabía nada de eso.

El futuro no había ocurrido. Yo solo sabía lo que tenía frente a mí: una investigación policial, una denuncia fiscal, un hombre detenido en [00:28:00] Argentina y mi hermana entrando a prisión

A veces pienso en qué habría hecho mi mamá. No qué habría dicho sobre el expediente, no qué habría pensado de la policía, no qué habría respondido frente a una cámara. Pienso en nosotros, en sus dos hijos. [00:28:30] Mi mamá podía molestarse, podía gritar, podía ser dura, podía discutir con nosotros durante horas. Pero éramos sus hijos, sus pollitos, y me cuesta imaginar lo que habría sentido al vernos así

Todo lo que yo estaba haciendo lo hacía pensando en ella. Cada vez que decía su nombre frente a una cámara, [00:29:00] yo pensaba que la estaba defendiendo Y tal vez eso era lo más triste. Mi mamá ya no estaba ahí para decirme si lo estaba haciendo bien[00:29:30]

Yo no sabía cómo iba a terminar todo esto. No sabía qué iba a pasar con mi hermana. No sabía qué iba a decir un juez. Solo sabía lo que tenía frente a mí: una denuncia fiscal, un hombre detenido en Argentina y mi [00:30:00] hermana en Santa Mónica La policía existía para investigar, la Fiscalía para acusar cuando consideraba que había evidencia y los jueces para decidir Yo tenía veinte.

¿En quién se suponía que debía confiar?

Durante toda [00:30:30] mi vida, cuando no sabía qué hacer, buscaba a mi mamá. Si tenía un problema, la llamaba. Si tenía miedo, se lo contaba. Si alguien me lastimaba, iba donde ella. Pero esta vez el problema era su muerte y la única persona a la que yo habría querido preguntarle qué hacer era [00:31:00] precisamente la persona que ya no podía contestarme

Así que hice lo único que sabía ser Seguí adelante, confié, hablé, me expuse y esperé que las personas que desean saber qué había ocurrido tuvieran razón[00:31:30]

Tenía 20 años. Mi mamá estaba muerta, mi hermana estaba en prisión y yo necesitaba creer que alguien en algún lugar sabía lo que estaba haciendo

Esto es ¿Quién mató a mi madre? El caso Fefer. Soy Ariel Fefer. [00:32:00] Gracias por escuchar

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